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El tablero de Yidana — Jordi Biosca

Aviso: Contiene Spoilers

Lan­dar es una Pieza. Exi­liado de su patria, por­ta­dor del alma de un ángel de un dios que no es el suyo. Lan­dar cum­ple con su deber, hace lo que se espera de él, o lo que él cree que se espera. Es el pri­mer per­so­naje con el que nos tro­pe­za­mos en este mundo de islas y líneas mági­cas, un mundo cua­dri­cu­lado como un tablero.

Al prin­ci­pio el mundo apa­bu­lla. Arane es grande, frag­men­tado, con­fuso. Yo sen­tía que me per­día, que era dema­siado para mí, me decía «no nece­sito que me ense­ñes todo el mundo, quiero una his­to­ria, lo bien que hayas cons­truido el mundo no me interesa». Sin embargo, cono­cer Arane es nece­sa­rio para enten­der la his­to­ria que no está con­tando por­que cada per­so­naje, cada lugar que apa­rece, tiene su motivo y su inten­ción. El azar no juega nin­gún papel en esta his­to­ria, aun­que a veces, sobre todo al prin­ci­pio, pueda pare­cerlo; las juga­das en el tablero son pro­ducto de la estra­te­gia, de la per­so­na­li­dad de los con­ten­dien­tes, de las  alian­zas y las trai­cio­nes que se for­jan. Las Pie­zas hacen lo que les seña­lan los movi­mien­tos del tablero, a veces son cons­cien­tes de ello, otras actúan de forma incons­ciente, pen­sando que son ellos mis­mos los que se mueven.

La trama del libro es muy com­pleja y los per­so­na­jes se supe­di­tan a ella, cada uno de ellos tiene un papel que cum­plir y a veces da la sen­sa­ción de que, cum­pli­dado su misión, el autor se los quita de encima. No es así y esta es una de las cosas que más me han gus­tado del libro, el autor no se olvida de los per­so­na­jes sino que los vuelve a recu­pe­rar mucho más ade­lante y nos cuenta lo que ha sido de ellos y lo que les va a pasar, todas las sub­tra­mas que van apa­re­ciendo, y son muchas, tie­nen un desen­lace. No hay per­so­na­jes olvi­da­dos, aun­que haya veces que parezca que unos apa­re­cen para sus­ti­tuir a otros.

Lan­dar y Nui­lari son dos caras de la misma moneda. Dos pie­zas. Dos vidas apa­ren­te­mente para­le­las: nacen en la misma isla, se enfren­tan a un des­tino pare­cido pero actúan de forma dis­tinta, como para seña­lar­nos que dos pie­zas no tie­nen por qué ser igua­les ni hacer lo mismo. Lan­dar es pasivo, obe­diente, piensa en las con­se­cuen­cias de sus actos y muchas veces los lamenta, siente remo­ri­di­mien­tos y es un per­so­naje triste. Lan­dar es el que acepta su des­tino y se adapta a él. Nui­lari en cam­bio tiene fuerza y pasión, no acepta su des­tino, lo cues­tiona, quiere que sea ese des­tino el que se adapte a él. Lan­dar aprende, Nui­lari pre­gunta. La carga de Lan­dar está en su inte­rior, en lo que lleva den­tro; la de Nui­lari es el mundo que lo rodea. Lan­dar no ter­mina de sen­tirse a gusto con­sigo mismo, Nui­lari es un extraño en el mundo, vaya donde vaya. Una pieza mira hacia den­tro y la otra hacia fuera. Lan­dar y Nui­lari no son per­so­na­jes que se sus­ti­tu­yan uno al otro, sino que se complementan.

Hay muchos per­so­na­jes y no voy a hablar de todos, pero quiero des­ta­car tam­bién a Man­llüba, el único per­so­naje feme­nino de cierta impor­tan­cia en el libro. Man­llüba es madre, esposa y reina, pero a veces me daba la sen­sa­ción de que las tres face­tas esta­ban dema­siado dife­ren­cia­das, como si solo pudiera ser una cosa u otra y no las tres a la vez. Me gusta cuando es madre, la com­prendo y empa­tizo con ella, cuando es reina o esposa se me escapa y toma dis­tan­cia, como si en esos aspec­tos no estu­viera tan defi­nida, o al menos esa fue mi impresión.

El libro está divi­dido en dos par­tes, en la pri­mera somos como los per­so­na­jes, cami­na­mos sobre el tablero sin saber lo que es, la trama nos arras­tra de un lado a otro sin que sepa­mos por qué, cono­ce­mos las islas y sus habi­tan­tes, las auro­nías y sus pue­blos, las dis­tin­tas for­mas en las que la magia se puede mos­trar, el dios dor­mido como una ame­naza latente y muchos, muchos per­so­na­jes que a veces pare­cen avan­zar y a mitad de camino retro­ce­den o cam­bian de direc­ción, como si el autor no supiera qué hacer con ellos, aun­que en reali­dad lo que no está mos­trando es que las pie­zas depen­den de los movi­mien­tos del tra­blero y que cada jugada puede cam­biar el rumbo que toman.

En la segunda parte, mag­ni­fica toda la segunda parte, vemos el tablero, com­pren­de­mos lo que ha estado  pasando y nos sen­ta­mos a jugar con los dio­ses. De ver el mundo bajo los pies, frag­men­tado, ahora lo vemos desde arriba, en su con­junto. Dis­fru­ta­mos con las estra­te­gias tanto o más que dela vida que se está desa­rro­llando de forma para­lela en Arane, la vida que no es más que una parte del juego.

No voy a con­tar más, que ya he sol­tado bas­tan­tes spo­li­ers y creo que es un libro que se dis­fruta más si lo des­cu­bri­mos con­forme vamos leyendo. Al prin­ci­pio pen­saba que no me iba a gus­tar, el mundo está muy bien defi­nido y hay dema­sia­das des­crip­cio­nes, pero la trama te atrapa y no te suelta, está muy bien hilada y no deja cabos suel­tos, juega con­tigo pri­mero, mien­tras te hace cono­cer el mundo, y te deja jugar des­pués, com­par­tiendo sus secre­tos. Qui­zás lo único que sobran son algu­nas expli­ca­cio­nes al final, que no me pare­cen nece­sa­rias… y los apén­di­ces. Los apén­di­ces no los he leído, me gusta que me expli­quen las cosas mien­tras estoy leyendo, no des­pués, pero a los que os interesa la crea­ción de mun­dos, las orga­ni­za­cio­nes, etc sí os intere­sará. Tam­bién lleva al final una guía de per­so­na­jes ¡de la que te avisa al prin­ci­pio del libro que existe! Lo cual es de agra­de­cer, aun­que yo solo tuve que con­sul­tarla una vez y fue para una orga­ni­za­ción, con los per­so­na­jes, a pesar de que hay muchos, no lle­gué a perderme.



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Los Caídos, de Magnus Dragon


La semana pasada se publicó el último número de Los Caí­dos, la novela de esté­tica comic que Mag­nus Dagon, con el apoyo de NGC, ha estado publi­cando en entre­gas sema­na­les de forma gratuita.

He estado siguiendo la novela desde el prin­ci­pio, me pre­gun­taba qué sería eso de la “esté­tica comic” y cómo se refle­jaba en una novela. Como en un comic, la his­to­ria se pre­senta apa­ren­te­mente en forma de peque­ñas tra­mas inde­pen­dien­tes que se desa­rro­llan a lo largo de una serie de capí­tu­los, los pro­ta­go­nis­tas son super­hé­roes que defien­den la ciu­dad en la que viven de los villa­nos que van apa­re­ciendo y todos los capí­tu­los van pre­ce­di­dos de una por­tada, las imá­ge­nes que acom­pa­ñan esta reseña son algu­nas de las por­ta­das de la colec­ción. Tam­bién, como en los comics, hay deter­mi­na­dos núme­ros que son espe­cia­les y que tie­nen una trama autoconclusiva.

He de admi­tir que al prin­ci­pio tenía mis rer­se­vas, no soy afi­cio­nada al comic y sobre todo tras leer la pri­mera de las tra­mas pensé que podía hacerse muy repe­ti­tivo. La pri­mera de las tra­mas tenía un esquema muy básico de “pre­sen­ta­ción de per­so­na­jes, malo putea al bueno, bueno se rein­venta y putea al malo” Si todas las tra­mas iban a seguir el mismo esquema y se desa­rro­lla­ban en el mismo número de capí­tu­los pronto iba­mos a adi­vi­nar qué ocu­rría antes de que pasara.

No fue así, los esque­mas cam­bian de una trama a otra de forma que cuando crees que ya le has pillado el truco y que sabes por dónde va a tirar da una vuelta de tuerca que te sor­prende. El pro­ta­go­nismo pasa de unos per­so­na­jes a otros, hay his­to­rias que que­dan incon­clu­sas y se resuel­ven mucho más tarde, mis­te­rios que nos lle­gan del pasado, his­to­rias que ter­mi­nan pero de las que luego des­cu­bri­mos sus con­se­cuen­cias. Todo esto va dando forma al uni­verso de los Caí­dos, donde las cosas no son inde­pen­dien­tes sino que todo está rela­cio­nado, es un mundo que está vivo y que va cre­ciendo a cada capítulo.

Qui­zás es esta capa­ci­dad para sor­pren­der, para dar algo nuevo, un paso más en cada trama, para rom­per los esque­mas del lec­tor, es lo que más me ha atraído de la novela. El pro­ta­go­nismo pasa de unos per­so­na­jes a otros, las vic­to­rias a veces son agri­dul­ces, o traen más pro­ble­mas de los que solu­cio­nan, hay enemi­gos recu­rren­tes, pero tam­bién enemi­gos y alia­dos que no está claro real­mente si lo son, por­que todo depende del momento y las circunstancias.

La trama se sitúa en una ciu­dad: Erné­po­lis I, un ambiente futu­rista y oscuro que te envuelve como si estu­vie­ras den­tro de ella. Es una ciu­dad de edi­fi­cios altos, de calle­jo­nes oscu­ros, con una nube que per­ma­nen­te­mente la man­tiene en som­bras y de la que llueve ceniza. La ciu­dad es un per­so­naje más, está vivo, la vemos cam­biar y cre­cer a medida que las cosas suce­den en ella. Es tan parte de los Caí­dos como el som­brero y la gabardina.

Los Caí­dos son una orga­ni­za­ción de anti­guos super­hé­roes que han sido ven­ci­dos y que se rein­ven­tan como El Caído, una figura que desde las som­bras pro­tege la ciu­dad. El Caído son todos y cada uno de ellos, todos apor­tan algo para dar forma a esa enti­dad que está hecha de tram­pas y enga­ños, que los ciu­da­da­nos de Erné­po­lis no lle­gan a per­ci­bir como algo posi­tivo, por­que tam­poco inten­tan serlo. Son cons­cien­tes de que ya no son héroes, pero quie­ren seguir inten­tán­dolo de la única forma que pue­den, con una iden­ti­dad falsa, usando el miedo como un arma. Es una figura oscura y mis­te­riosa que no tiene pasado por­que no existe. El Caído es la som­bra entre las sombras.

De héroes inge­nuos que patru­llan por sepa­rado y al des­cu­bierto, a héroes inge­nuos que patru­llan jun­tos y en las som­bras. Un gran cambio.

Scream es el per­so­naje prin­ci­pal, un anti­guo héroe al que se lo arra­ba­tan todo y que no tiene nada que per­der. La orga­ni­za­ción es lo único que da sen­tido a su vida y se aga­rra a ella por­que fuera de allí no tiene nada. Es el lider nato, res­pe­tado por sus com­pa­ñe­ros y la per­sona en la que todos se apo­yan, sin embargo es tam­bién el per­so­naje donde la sole­dad apa­rece repre­sen­tada de forma más cruda. Ese punto de des­es­pe­ranza no lo pierde en nin­gún momento.

Te veo más duro, pero al mismo tiempo más vul­ne­ra­ble. Han pasado muchas cosas, ¿ver­dad? Nue­vos enemi­gos, tal vez. O espe­ran­zas des­va­ne­ci­das, por lo que he escu­chado. Una vez más tú y los tuyos haciendo las cosas a su manera, sin com­pren­der que no hay leyes ni reglas en este juego.

Son muchos los miem­bros de los Caí­dos así que voy a des­ta­car tam­bién a Sky, de forma total­mente sub­je­tiva por­que es mi favo­rito. Es un per­so­naje noble y cohe­rente, en muchas oca­sio­nes actúa de con­tra­punto de Scream, que ha deci­dido no vivir. Sky sí quiere hacerlo, tiene espe­ran­zas e ilu­sio­nes, toma deci­sio­nes que en algún momento lle­ga­ron a sor­pren­derme pero que son cohe­ren­tes con el per­so­naje, con lo que es y lo que desea ser.

Otro miem­bro des­ta­ca­ble de los Caí­dos es Sho­ck­man, un per­so­naje com­plejo, apa­ren­te­mente ambi­guo aun­que esa ambi­gue­dad es más fachada que otra cosa. Es un per­so­naje indi­vi­dua­lista al que le cuesta inte­grarse en el grupo y seguir las nor­mas. Sin embargo no es un per­so­naje soli­ta­rio como Scream, Sho­ck­man es brusco por­que se defiende antes de que lo ata­quen, intenta ocul­tar su huma­ni­dad a los que le rodean, pero los lec­to­res la vemos. Los diá­lo­gos de Sho­ck­man son de los mejo­res de toda la novela.

Ahora, vive tu pena. Recuér­dale ahora que pue­des. No quie­ras cam­biarla dema­siado pronto por rabia hacia el mundo que te rodea, por­que una vez efec­tuado ese paso la mar­cha atrás es una manio­bra peli­grosa y arriesgada.

Y si tene­mos héroes tam­bién hay enemi­gos, por­que en una his­to­ria de este tipo los villa­nos son impres­cin­di­bles. En los Caí­dos apa­re­cen peli­gros de muy dis­tinto tipo, a veces pue­den ir en con­tra de la ciu­dad y otras son enemi­gos per­so­na­les que per­si­guen al Caído aún sin tener muy claro quién es. Tie­nen con­flic­tos con fuer­zas de la ley, con expe­ri­men­tos que han per­dido el con­trol seres de otros pla­ne­tas, y gente que no es cons­ciente de lo que está haciendo; pode­mos ver pro­ble­mas eco­ló­gi­cos y socia­les, incluso, en oca­sio­nes, tie­nen que luchar con­tra la misma gente que están inten­tando proteger.

Me he pen­sado mucho lo de des­ta­car a algún enemigo en par­ti­cu­lar, como he hecho con los pro­ta­gon­sis­tas, pero creo que es mejor que no cuente nada y que vayáis des­cu­brién­do­los sin saber nada de ellos, dejando que os sor­pren­dan como me sor­pren­die­ron a mí. Me llamó mucho la aten­ción la varie­dad, que todos fue­ran dis­tin­tos, que todos tuvie­ran un pasado, unas ambi­cio­nes que pue­den ser con­quis­tar el mundo o la ven­ganza, pero tam­bién puede ser sim­ple­mente sobrevivir.

Cui­dado con lo que dices, hom­bre­ci­llo. En estos tiem­pos que corren, decla­ra­cio­nes como esa son poco menos que actos decla­ra­dos de xeno­fo­bia. ¿No te lo habían dicho? Soy el último de mi clase. Soy una espe­cie pro­te­gida. Y no tar­daré en soli­ci­tar inmu­ni­dad diplo­má­tica, y un pedazo de tie­rra al que poder ofi­cial­mente con­si­de­rar como terri­to­rio Axcro­niano, que sólo yo podré pisar.

Tam­bién los enemi­gos pue­den con­ver­tirse en alia­dos oca­sio­na­les según las cir­cuns­tan­cias, y los alia­dos trans­for­marse en enemi­gos. Apa­re­cen una serie de per­so­na­jes secun­da­rios que entran y salen de la novela, con­for­mando un uni­verso vivo en el que los Caí­dos no son el cen­tro sino una parte de él. Algu­nos de estos secun­da­rios serán pro­ta­go­nis­tas de sus pro­pias his­to­rias en el futuro.Personalmente estoy deseando saber más de Per­sé­fone, un per­so­naje que me ha encan­tado en cada apa­ri­ción que ha tenido y de la que ya hay anun­ciada una mini­se­rie que sal­drá pró­xi­ma­mente.


Y no me enro­llo más, que podría (54 capí­tu­los dan para mucho). Si os ape­tece leerla, ahí van unos cuan­tos links para bajarla completa:

For­mato Kindle

For­mato ePub

PDF 1

PDF 2

Si la que­réis en papel, pues no hay :( Pero se están reco­giendo fir­mas para con­se­guirlo, aquí:

Reco­gida de fir­mas para publi­car los Caídos

Y tenéis ade­más el grupo de Face­book donde podéis encon­trar curio­si­da­des, boce­tos de las por­ta­das, etc.



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El monstruo en mí, de José Ignacio Becerril

"La realidad es la peor opción que podía haber imaginado: un mundo plagado de monstruos horripilantes."

Los mons­truos de Nacho están en su inte­rior, sus rela­tos son his­to­rias de per­so­na­jes, el terror nace de ellos, los envuelve, los atra­viesa y no pue­den esca­par de él por­que forma parte de ellos mis­mos. Y esos mons­truos se enca­jan en la reali­dad, son parte de ella, parte de la vida de cada per­so­naje. Ni siquiera es una situa­ción que apa­rece de pronto, sino que está incrus­trada den­tro de él, la reali­dad no se trans­forma en algo mons­truoso. Ya lo es.

Esto pro­duce una gran impli­ca­ción con los per­so­na­jes pro­ta­go­nis­tas, a los que reco­no­ce­mos, a veces somos noso­tros o nues­tros cono­ci­dos, las situa­cio­nes en las que se encuen­tran las hemos vivido alguna vez o nos las han con­tado. Hemos visto mons­truos y los encon­tra­mos en los rela­tos. Tengo que decir que en muchos momen­tos más que sen­tir miedo lo que he sen­tido ha sido tris­teza, algu­nos de los rela­tos han lle­gado a emo­cio­narme mucho, de una forma muy intensa.

El libro se arti­cula en torno a tres ejes que están repre­sen­ta­dos por las tres nove­las cor­tas que dan inicio, cen­tro y fin al libro, los seis rela­tos que las acom­pa­ñan com­ple­tan y reafir­man estos tres ejes, dando una gran uni­dad al libro, qui­zás por­que el mons­truo en el fondo siem­pre es el mismo.

No es casual que el gran per­so­naje, sobre el que giran todos los rela­tos, sea el mons­truo. El mons­truo puede ser pro­ta­go­nista, víc­tima o ver­dugo, a veces se apo­dera de todo lo que le rodea y otras veces lo sufre. El autor mez­cla fan­ta­sía, sueño y reali­dad dejando sin deli­mi­tar los lími­tes entre uno y otro, por­que real­mente no importa, lo que importa es que el lec­tor se mete den­tro de los per­so­na­jes, hace suyos sus sen­ti­mien­tos y el terror de los rela­tos viene de eso, de con­tem­plar los enfren­ta­mien­tos con el mons­truo o de ver cómo los pro­ta­go­nis­tas se con­vier­ten en él.

He hablado antes de tres ejes, aun­que apa­re­cen en todos los rela­tos, se remar­can más por blo­ques, cen­tra­dos en cada una de las nove­las cor­tas del libro.

Lo pri­mero que nos encon­tra­mos es La ciu­dad inha­bi­tada, novela corta que qui­zás es la que más me ha gus­tado de todo, a la que siguen tres rela­tos cortos.

1. El inte­rior. El cuerpo y la mente.

Nacho nos pre­senta un mons­truo que lle­va­mos den­tro, escon­dido entre los plie­gues del cuerpo, lo deja­mos jugar con nues­tra mente. El mons­truo nos ator­menta, nos hace daño, nos con­sume, trans­torna nues­tros sen­ti­dos, nos man­tiene pri­sio­ne­ros de noso­tros mis­mos y nos tor­tura. No pode­mos esca­par por­que lo lle­va­mos den­tro y la pri­mera víc­tima del mons­truo somos noso­tros mismos.

A mitad del libro nos encon­tra­mos con Casa ocu­pada a la que siguen otros tres rela­tos cortos.

2. El exte­rior. La familia

No hay pro­ta­go­nis­tas soli­ta­rios en los rela­tos de Nacho, todos tie­nen fami­lia: padres, hijos, her­ma­nos, pareja, ami­gos… La fami­lia se ata a los pro­ta­go­nis­tas, es el mons­truo que los rodea, que lo mani­pula, que los obliga a trans­for­marse tam­bién ellos en mons­truos aun­que sea de manera acci­den­tal. La fami­lia está unida a los pro­ta­go­nis­tas con cade­nas que no pue­den rom­per y, sin lo hacen, no se libe­ran. Son el motivo que nos lleva a con­ver­tir­nos en mons­truos. A veces a causa de ellos, a veces por amor a ellos. Los mons­truos no están solos y hacen daño a los que más quie­ren, los que más nos quie­ren son los que nos hacen daño. Los besos devo­ran. El amor destroza.

El libro se cie­rra con otra novela corta, esta vez en soli­ta­rio: El hom­bre que soñaba con mariposas

3. La sociedad

Con ese último relato, a medio camino entre la cien­cia fic­ción y la pesa­di­lla, vemos a la socie­dad como un mons­truo en el que esta­mos inmer­sos. Hui­mos de ella, nos enfren­ta­mos de ella, no la enten­de­mos y pata­lea­mos inten­tando que no nos devore y sobre­vi­vir. Es un relato muy, muy intenso, donde vemos al pro­ta­go­nista pasar de la angus­tia a la con­fu­sión, donde lo vemos reve­larse, dudar, acep­tar que puede equivocarse…

Hace unas horas se creía en la cima del mundo y ahora había des­cu­bierto que no era más que el desa­yuno de una cucaracha”

Me dan ganas de hablar mucho más, pero no quiero des­tri­par nada del relato, es mejor acer­carse a él como lo hice yo, sor­pren­dién­dome en cada línea, des­cu­brien­dolo todo a tra­vés de los ojos del pro­ta­go­nista, con él así que sólo comen­taré que me parece un cie­rre de anto­lo­gía per­fecto, que actúa de con­tra­punto y revul­sivo a todo lo que hemos leído.

Des­pués me pasará por el blog del autor a comen­tar los rela­tos uno a uno, por si os ape­tece hacer lo mismo cuando lo leáis, os dejo la direccion:

 

http://nachob-elmonstruoenmi.blogspot.com/


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Errores de Percepción, VVAA.


A veces la reali­dad es con­fusa, la línea entre lo que vemos y lo que soña­mos muy fina. A veces la reali­dad nos asalta de pronto de forma incom­pren­si­ble, tanto que nos puede hacer dudar de nues­tros sen­ti­dos. Vemos lo que no existe, nues­tra per­cep­ción nos engaña. ¿O no es así? ¿Y si es real aque­llo que cree­mos pro­ducto de nues­tra imaginación?

Erro­res de per­cep­ción nos trae seis his­to­rias de fan­tas­mas, de seis auto­res dis­tin­tos, donde el horror no se esconde en luga­res exó­ti­cos a los que nunca ire­mos, sino que que lo hace entre lo coti­diano: en un saludo entre veci­nos, en una can­ción que suena en la radio o en el mismo lugar donde hemos pasado las vaca­cio­nes todos los años. Cada his­to­ria nos coge de la mano y nos lleva a cual­quier día de per­so­nas corrien­tes, donde lo sobre­na­tu­ral puede lle­gar a ser más real que la pro­pia vida y donde el horror, muchas veces, no está en los fan­tas­mas que nos aco­san, sino den­tro de noso­tros mismos.

Paso a con­ta­ros qué encon­tra­réis en cada uno de los relatos:

La anto­lo­gía se abre con un relato de Miguel Ague­rralde: Una cam­pana en alta mar. Es qui­zás la his­to­ria de fan­tas­mas más clá­sica que nos encon­tra­mos en el libro, y tam­bién el único relato coral. Al prin­ci­pio, me pare­ció que tenía dema­sia­dos per­so­na­jes para ser un relato corto y me cos­taba dis­tin­guir­los y situar­los. Des­pués, con­forme avanza la trama, me pare­ció que todos esos per­so­na­jes eran nece­sa­rios pues lo que hace el autor es usar­los para demos­trar­nos cómo a una misma situa­ción cada per­sona se puede enfren­tar de forma dis­tinta, según su carác­ter: vemos cómo unos toman incia­ti­vas, cómo otros se dejan arras­tar, cómo otros inten­tan man­te­nerse al mar­gen. Se pue­den tomar muchas deci­sio­nes y el autor juega con eso para hacer­nos dudar de qué per­so­naje está actuando correc­ta­mente, cuando lo impor­tante es que cada per­so­naje actúa según su forma de ser y no si es correcto o no lo que hace.

El ros­tro, de Aran­cha Sanz, es para mi gusto el mejor relato de la anto­lo­gía. Narrado según el punto de vista del per­so­naje pro­ta­go­nista, la cons­truc­ción de ese per­so­naje es su gran acierto. Es un per­so­naje com­plejo del que poco a poco vemos des­gra­nar toda su his­to­ria, vemos las dife­ren­cias entre lo que ella per­cibe de sí misma y lo que per­ci­ben los demás, esto último dejan­dose entre­ver de forma muy sútil, hacien­do­nos dudar de lo que nos está con­tando, esta­ble­ciendo un juego de com­pli­ci­dad con el lec­tor que empieza a dudar si la his­to­ria que nos está con­tando es la ver­da­dera reali­dad o si al final no es más que la reali­dad defor­mada que per­cibe ella. El ros­tro es una his­to­ria de fan­tas­mas per­so­na­les que resul­tan ser mucho más horri­bles que la apa­ri­ción fantasmagórica.

Con Habi­ta­ción 207, Enri­que Luque de Gre­go­rio nos mues­tra que los fan­tas­mas no tie­nen por­qué ser los que nos hagan daño, que tal vez el daño nos lo hace­mos noso­tros mis­mos. El autor juega con la ambi­güe­dad de no dejar­nos saber si nos está con­tando algo que es real o una fan­ta­sía del pro­ta­go­nista para crear sus­pense y man­te­ner la curio­si­dad del lec­tor hasta el final.

La mano del muerto, de Jesús Caña­das, es qui­zás la his­to­ria con la trama más com­pleja del libro. Para mi gusto, el relato se hace dema­siado largo, sobre todo al prin­ci­pio hay muchas esce­nas en las cua­les se des­grana una parte muy pequeña de la his­to­ria y eso hace que la trama avance muy lenta.Conforme avanza la his­to­ria y cono­ce­mos más a los per­so­na­jes gana en inte­rés que va aumen­tando a medida que nos acer­ca­mos al final. Me gustó mucho la rela­ción entre los her­ma­nos pro­ta­go­nis­tas y tam­bién la forma en la que al final todo la trama se va recom­po­niendo a tra­vés del puzzle que nos ha ido dejando el autor, sin dejar nin­gún cabo suelto.

En La soga, Pedro Escu­dero nos mues­tra otro tipo de fan­tasma que ya no es per­so­nal, sino que forma parte de la socie­dad que nos rodea, de la que no pode­mos sus­traer­nos aun­que huya­mos de ella. No se puede con­tro­lar lo que sucede a nues­tro alre­de­dor y a veces tene­mos la culpa de cosas que no que­ría­mos hacer, nues­tro mundo se puede venir abajo en un momento. Pedro nos cuenta cómo pode­mos hacer daño aún no haciendo nada, aún no que­riendo hacerlo, y cómo duda­mos de que a pesar de nues­tras bue­nas inten­cio­nes, la culpa no será en reali­dad nues­tra, aun­que no sepa­mos cómo ni por qué.

El relato que cie­rra la anto­lo­gía es La cabaña del lago, de Elena Mon­ta­gud, una his­to­ria intensa de cul­pas y de mie­dos, donde nos cuenta lo fácil que es hacer daño a los que más que­re­mos y cómo las heri­das que nues­tros seres ama­dos nos dejan son las más terri­bles. Es uno de los rela­tos con mejor atmós­fera del libro, hay una sen­sa­ción de fata­li­dad que lo inunda todo, desde la rimera línea y la autora con­si­gue estre­me­cer­nos jugando con eso, hacién­do­nos ver que las pesa­di­llas y la reali­dad pue­den ser la misma cosa, y que al final ter­mi­na­mos viviendo la pesa­di­lla sin poder hacer nada para evitarlo.

Cie­rro el libro con la sen­sa­ción de que he leído mucho más que his­to­rias de fan­tas­mas, que me he aso­mado al abismo donde se escon­den los fan­tas­mas ínti­mos, los que todos lle­va­mos con noso­tros, los que ver­da­de­ra­mente nos hacen daño y nos rodean a todas horas. Miro a mi alre­de­dor, la reali­dad parece igual que todos los días, pero sé que yo tam­bién llevo mis fan­tas­mas con­migo. Que en cual­quier momento puedo verlos.

Tal vez sea un error de per­cep­ción… o tal vez no.



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Manifiesto Parapsipunk


Cuando Oscar Torres me habló de la crea­ción de esta revista me pare­ció una idea intere­sante y me animé a par­ti­ci­par. Reco­nozco que me va más el glam que el punk, pero que& un esti­llo no me llame no es algo que me haya dete­nido nunca y tenía ade­más un relato que con unos reto­ques iba a ir muy bien para la revista. Des­pués de tener el pri­mer número en la pan­ta­lla del orde­na­dor, y a pesar de que sé todo el tra­bajo y el cariño que los edi­to­res han puesto en ella, siento que le falta algo.

La idea es atra­yente, un revista a base de imá­ge­nes, tex­tos cor­tos, aven­tu­ras grá­fi­cas, lite­ra­tura de con­sumo rápido que se lee en ape­nas media hora y un diseño y maque­ta­ción que me ha encan­tado. En cuanto al con­te­nido, sin embargo, no ha ter­mi­nado de con­ven­cerme, siento que le falta algo. En pri­mer lugar le falta música, la música impregna la mayo­ría de las obras y las refe­ren­cias están cla­ras pero no conozco todas las can­cio­nes o no las recuerdo y creo que una parte de lo que nos cuen­tan se pierde al no tener clara la música que debe­ría acompañarla.

Por otro lado, tam­bién siento que le falta rabia, me parece que todas las his­to­rias que se cuen­tan son muy duras y muy tris­tes. El “no future” se repite en más de un texto e impregna los demás, no hay his­to­rias con espe­ranza, todas son oscu­ras y melan­có­li­cas. Muchas tie­nen ele­men­tos oní­ri­cos que tam­bién son depri­men­tes, como si ni siquiera en los sue­ños se pudiera vis­lum­brar algo bueno y es cierto que la des­es­pe­ranza es parte del punk, pero el punk es tam­bién rebel­día, rabia, gri­tas por­que lo que tie­nes a tu alre­de­dor no te gusta. Y ese grito no lo he encon­trado y siento que tam­bién le falta.

No debe­ría que­jarme por­que mi relato tam­poco lo tiene. Visto entre los demás no des­taca, todo es bas­tante uni­forme. La mayo­ria de las his­to­rias e imá­ge­nes me han gus­tado, hay alguna que no y tam­bién hay cosas que no he entendido.

Si os ape­tece echarle un vis­tazo, podéis des­car­garla aquí:  Mani­fiesto Parapsipunk

Y podéis enviar tam­bién mate­rial para el segundo número, la infor­ma­ción para enviar cola­bo­ra­cio­nes está al final de la revista.



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Crónicas de Robots de Isaac Asimov


¿Por qué no he leído nada de Asi­mov antes? (Inser­tar aquí un icono gol­peán­dose la cabeza con­tra una pared xD). Lo cierto es que es de esos auto­res con los que siem­pre he tenido pre­ju­cios. Pen­saba que sus libros me resul­ta­rían muy com­ple­jos, lle­nos de tec­ni­cis­mos que no enten­de­ría y que aho­ga­rían las his­to­rias. No podía estar más equi­vo­cada, la prosa de estos rela­tos es muy fluida y se lee muy bien y los tér­mi­nos cien­tí­fi­cos que tanto me asus­ta­ban son pocos y están bien expli­ca­dos por lo que en nin­gún momento me he perdido.

En la edi­ción que tengo se reco­pi­lan muchos de los rela­tos de robots de Asi­mov. No sé si están todos o si fal­tará alguno, están dis­pues­tos de forma cro­no­ló­gica, con lo que, aun­que sean rela­tos suel­tos, tene­mos a lo largo de ellos toda la his­to­ria de los robots con la huma­ni­dad. Apa­re­cen algu­nos per­so­na­jes de forma recu­rrente en muchos de los rela­tos, con lo que tene­mos la sen­sa­ción de estar viendo siem­pre el mismo mundo, de forma frac­cio­nada, pero cada relato es un avance en la rela­ción entre robots y humanos.

En reali­dad, Asi­mov usa estos rela­tos más para hablar del hom­bre que del robot, en sus rela­cio­nes con los robots lo que esta­mos viendo son com­por­ta­mien­tos huma­nos, en unos rela­tos son de índole par­ti­cu­lar, en otros son com­por­ta­mien­tos socia­les lo que le interesa mos­trar, se puede decir que no hay un per­so­naje con­creto pro­ta­go­nista, sino que es la socie­dad en su con­junto la que pro­ta­go­niza estas his­to­rias y lo que le interesa mos­trar es como evo­lu­ciona esa socie­dad al mismo tiempo que tam­bién evo­lu­cio­nan los robots.

Reco­nozco que me ha sor­pren­dido el miedo a la máquina que se des­prende de muchos de los rela­tos. Ahora esta­mos tan acos­tum­bra­dos a tener máqui­nas por todas par­tes que ese miedo parece algo exa­ge­rado, Asi­mov camina sobre muchos temas, el miedo del crea­dor a su cria­tura es sólo uno de ellos, el amor es otro tema recu­rrente que apa­rece en varios rela­tos, así vemos al niño que se enca­riña más con un robot que con una cria­tura viva o la mujer que pre­fiere el ideal del robot a la reali­dad de un hijo pro­pio, haciendo que nos pre­gun­te­mos si merece la pena un ideal falso más que una reali­dad que no nos gusta, pero que es autén­tica. El tema del ideal tam­bién es recu­rrente y apa­rece en varios relatos.

El robot apa­rece en la mayo­ría de los rela­tos como un ser apa­ren­te­mente com­pla­ciente, aun­que poco a poco vemos que no siem­pre lo es, en reali­dad el robot va evo­lu­cio­nando a lo largo de los rela­tos, adqui­riendo cada vez más cons­cien­cia de sí mismo, huma­ni­zán­dose más a cada relato.

Entre los per­so­na­jes recue­rren­tes que apa­re­cen des­taca Susal Cal­vin. La robot­psi­có­loga es uno de los per­so­na­jes más mara­vi­llo­sos que he visto. Apa­ren­te­mente fría, a veces más que los robots que trata, deci­dida y enér­gica, al mismo tiempo es muy humana. Me ha gus­tado muchí­simo el tra­ta­miento que le da Asi­mov, la forma en la que nos mues­tra cómo se la ve desde fuera y cómo es en reali­dad; es un per­so­naje muy com­plejo que va evo­lu­cio­nando a lo largo de los rela­tos sin per­der su per­so­na­li­dad y que, incluso cuando su nom­bre sólo es un recuerdo para la huma­ni­dad, sigue pre­sente en muchos de los rela­tos en forma de ima­gen anti­gua o nom­brada por alguien, el per­so­naje es tan potente que su som­bra pla­nea sobre rela­tos donde no aparece.

Y ahora entra­mos en terreno de spoi­ler, por­que me gus­ta­ría hablar de los últi­mos rela­tos del libro un poco más en pro­fun­di­dad, espe­cial­mente de El hom­bre del bicentenario.

Si en per­so­na­jes como Susan Cal­vin hemos visto el deseo de robo­ti­za­ción del ser humano, el inten­tar apar­tar los sen­ti­mien­tos y cen­trarse en la razón; si en algu­nos rela­tos vemos robots que adquie­ren con­cien­cia de qué son, y de sus dife­ren­cias con los humanos,en El hom­bre del bicen­te­na­rio nos encon­tra­mos con un robot que desea ser humano. Es uno de los rela­tos más impac­tan­tes del libro, por­que en él Asi­mov se plan­tea qué es en reali­dad el ser humano, ¿el cuerpo? ¿el pen­sa­miento? ¿lo sen­ti­mien­tos? ¿la muerte? En su pro­ceso para con­ver­tirse en humano, vemos a un robot prac­ti­ca­mente per­fecto muti­larse para seme­jarse más a esos huma­nos como los que desea ser. Busca un cuerpo con las debi­li­da­des huma­nas, busca pen­sa­mien­tos, sen­ti­mien­tos, pro­vo­car todo eso arti­fi­cial­mente aun­que le per­ju­di­que, aun­que nadie lo entienda ¿Merece la pena? Es un relato que te deja con un nudo en la gar­ganta, que­riendo gri­tarle al pro­ta­go­nista que no es nece­sa­rio que haga todo eso, que no merece la pena ser otro, que no merece la pena ser humano. Sin embargo, en el fondo es tan fácil de entender.



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Al borde del Acantilado, de Elizabeth George


Aviso: Con­tiene spo­li­ers tanto de Al borde del acan­ti­ladocomo de Sin tes­ti­gos, ambos de Eli­za­beth George

Frie­drich

En cuanto se sentó en el banco a espe­rar, se per­cató de que, aparte de unos minu­tos des­pués de des­per­tarse, hoy no había pen­sado en Helen y aquel hecho pro­vocó que su muerte cayera como una losa sobre él. Des­cu­brió que no que­ría no pen­sar en ella cada día y cada hora, al mismo tiempo que enten­día que exis­tir en el pre­sente sig­ni­fi­caba que Helen ten­dría que ale­jarse más y más en su pasado a medida que pasara el tiempo. Si embargo, le dolía saberlo. Amada esposa, hijo anhe­lado; los dos se habían ido y él se recu­pe­ra­ría. Aun­que el mundo y la vida fun­cio­na­ran así, el pro­pio hecho de su recu­pe­ra­ción pare­cía inso­por­ta­ble y obsceno.

No se puede olvi­dar a los muer­tos. A veces te pue­des sor­pren­der sen­tado en un coche, teniendo miedo de olvi­dar, de que el dolor des­apa­rezca, por­que ese dolor es lo que te queda y, si des­a­pa­rece, te dejará com­ple­ta­mente vacío. Así que es más fácil aga­rrarse a él, pero duele tanto que cami­na­mos al borde del acan­ti­lado. Cami­na­mos, inten­tando no pen­sar para que el dolor no nos arras­tre. Difí­cil equilibrio.

El tiempo pasa y los ras­gos que recor­da­mos se des­di­bu­jan, los recuer­dos se selec­cio­nan, algu­nos se olvi­dan per­di­dos para siem­pre igual que la per­sona que ya no está. Con el tiempo vol­ve­mos a son­reír, nos sor­pren­de­mos un día cuando nos damos cuenta de que el dolor ya no ocupa todos nues­tros pen­sa­mien­tos. Dejará de hacerlo y a veces recor­da­re­mos y nos sen­ti­re­mos cul­pa­bles por no echar­los más de menos.

A pesar de la trama poli­cíaca, es de lo que trata este libro, del dolor de la pér­dida, de cómo se con­vierte en el cen­tro de nues­tra vida y cómo se va difu­mi­nando des­pués, aun­que nunca des­a­pa­rece del todo. No se olvida. Se sigue ade­lante, pero nunca se olvida del todo. Las cica­tri­ces que dejan los muer­tos no se borran nunca.

Repar­tido el peso de la trama entre los dis­tin­tos per­so­na­jes, a veces tenía la sen­sa­ción de que Lyn­ley deam­bu­laba por el libro como si no for­mara parte de él, no es un pilar, la ins­pec­tora Han­na­ford sí lo es, firme, segura, hace avan­zar la trama en cada apa­ri­ción que tiene. Lyn­ley no, él se ve arras­trado por ella, en el frá­gil equi­li­brio del que no está del todo metido en la inves­ti­ga­ción y tam­poco está del todo rela­cio­nado con los sos­pe­cho­sos. Lyn­ley camina al borde del acan­ti­lado en más de un sen­tido en este libro.

Eché de menos a Havers, apa­rece en un segundo plano, una som­bra de lo que es en otros libros, su pre­sen­cia es más un guiño al lec­tor que una nece­si­dad para la trama, el con­traste entre ella y Han­na­ford no me ter­mina de con­ven­cer, en cierto sen­tido son per­so­na­jes que se pare­cen bas­tante, no con­si­guen complementarse.

Las sub­tra­mas se cen­tran en padres (no madres, las madres no impor­tan en este libro) e hijos (e hijas, las hijas sí impor­tan), los con­flic­tos se solu­cio­nan, casi hay un final feliz. Y eso hace más dura, más pal­pa­ble la sole­dad de Lyn­ley, el padre que no verá nacer a su hijo, el hom­bre que es inca­paz de seguir ade­lante des­pués de una gran pér­dida y a la vez con miedo a ser capaz de hacerlo.

A la mañana siguiente, Lyn­ley se des­cu­brió tara­reando en la ducha. El agua le res­ba­laba por el pelo y la espalda e iba por la mitad del vals de «La bella dur­miente» de Chai­kovski cuando paró brus­ca­mente y se per­cató de lo que estaba haciendo. Sin­tió que lo inva­día la culpa, pero sólo fue un momento. Lo que siguió  fue un recuerdo de Helen, el pri­mero que le hacía son­reír des­pués de su muerte



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Sopa de Sapos


Cuando coges un libro de rela­tos, espe­ras que unos te gus­ten más, otros menos, que unos te sor­pren­dan, que otros te emo­cio­nen, lo que es difi­cil encon­trar es un con­junto de rela­tos, escri­tos por dife­ren­tes auto­res y que, sin embargo, todos ellos te estén con­tando par­tes de una misma historia.

Por­que eso es Sopa de Sapos, las his­to­rias de este libro tie­nen un aura de leyenda: la han inven­tado ellos, cada uno ha puesto un ingre­diente y su relato es parte de un puzzle que sólo resulta com­pleto cuando se leen todos.

Son siete rela­tos los que con­for­man este libro, voy a comen­tar­los un poco.

Ya no te quiero, de Ser­gio Macías. Este relato me resultó muy sor­pren­dente. Empieza muy fuerte, como un gol­pe­tazo y es un inicio arries­gado, por­que des­pués el relato tiene que man­te­ner el nivel de ese comienzo tan fuerte, parece que no lo va a con­se­guir, el texto se vuelve suave, tran­quilo, el inicio fuerte queda como un eco que des­con­cierta y que no parece parte del relato, pero el autor nos lleva de la mano, nos intro­duce en aquel mundo mis­te­rioso casi sin dar­nos cuenta, hasta que enten­de­mos el horror de lo que esta­mos viendo. Me ha encan­tado ese uso del ritmo en el relato. ¡Ah! Y es fosco.

El rey de la sopa de Juan José Hidalgo Díaz. Vis­tos de forma inde­pen­diente, este es mi relato favo­rito. Tiene una atmós­fera impe­ca­ble, con un punto maca­bro pero a la vez tierno, la pers­pec­tiva infan­til le da un ambiente de cuento a la his­to­ria que, sin embargo, se ve muy real. Es tam­bién la pri­mera apa­ri­ción del Sr. Buf­for­son, un per­so­naje mis­te­rioso y caris­má­tico que será uno de los hilos que vayan uniendo los rela­tos. Hay momen­tos en que la his­to­ria es pre­de­ci­ble, pero el autor juega con eso para man­te­ner la ten­sión durante todo el texto, el final es sen­ci­llo, suave, y con­si­gue dejarte temblando.

La ciu­dad de los sapos de Enri­que Luque de Gre­go­rio. Des­pués de la atmós­fera asfi­xiante del relato ante­rior, en este el ambiente es más diá­fano, los per­so­na­jes son más posi­ti­vos, es qui­zás uno de los rela­tos en los que más te iden­ti­fi­cas con los per­so­na­jes, que del mundo real se van aden­trando en un mundo nuevo y lleno de mis­te­rios, igual que el lec­tor. Apa­re­cen ele­men­tos que ya hemos visto y que reco­no­ce­mos, como el espejo, pero les da un uso dis­tinto, tomando la leyenda y mos­trán­do­nos un nuevo punto de vista.

Ins­tin­tos de David Este­ban Gar­cía Ramí­rez, nos pre­senta otra his­to­ria de niños. Y en gene­ral no me gus­tan las his­to­rias de niños, pero reco­nozco que tie­nen un punto maca­bro que no se con­si­gue con las his­to­rias de adul­tos.  Vemos una nueva apa­rien­cia del sr. Buf­for­son, una nueva pieza del puzzle sacada esta vez del mundo legen­da­rio y tras­la­dada al mundo real, rom­piendo la barrera que han mar­cado los otros cuen­tos, y eso es pre­ci­sa­mente lo inquie­tante de este relato.

En mis sue­ños repi­que­tean hue­sos de niños de Juan Angel Laguna Edroso Otro relato que vuelve a lle­var­nos de nuevo a ese mundo para­lelo, de la mano de dos per­so­na­jes que no per­te­ne­cen a él y que se ven envuel­tos en la leyenda sin ni siquiera enten­der qué les está pasando. Toma ele­men­tos de las his­to­rias  ante­rio­res y los retuerce, por­que a veces las cosas suce­den por­que se malin­ter­pre­tan, por­que vemos la ago­nía de los per­so­na­jes inten­tando sobre­po­nerse a lo que se les viene encima, lo que no entien­den. La ambien­ta­ción de este relato es dis­tinta a los ante­rio­res, aquí el mundo de leyenda que han creado los auto­res ago­niza y se muere; y sin embargo no nos que­da­mos más tran­qui­los de que eso pase, sino que es lo que real­mente da miedo.

Y la nie­bla cubrirá tu cuerpo como un manto de Vir­gi­nia Pérez de la Puente. Este relato nos lleva a los orí­ge­nes de la leyenda, enla­zando con el pri­mero de los rela­tos, haciendo que com­pren­da­mos bien el relato ante­rior. Podría decirse que es el inicio de todo, pero está muy bien metido aquí, justo antes del final, por­que los otros rela­tos nos han ido lle­vando para que al final com­pren­da­mos aquí del todo lo que sucede. Este relato ya es pura leyenda, no hay nada que lo enlace con nues­tro mundo, como los otros, tam­poco lo nece­sita. La trama se sos­tiene sobre dos per­so­na­jes muy sóli­dos y nos cuenta cómo nace el mito.

Pacto entre caba­lle­ros de Andrés Díaz Hidalgo. El último relato tam­bién cie­rra la his­to­ria. A pesar de ser rela­tos no están suel­tos, tiene un final. El tono del relato ha per­dido un poco el ambiente mágico de los ante­rio­res y me ha recor­dado en el tono a un relato poli­ciaco. La ten­sión es mucho menor que en los ante­rio­res, pero va cogiendo uno a uno los hilos que han ido dejando los demás y los va cerrando. Vuelve a reto­mar al sr. Buf­for­son, un gran per­so­naje sea cual sea el autor que lo trate, tiene un punto tierno y ter­mina hacién­dose que­rer, o hacien­do­nos que­rer que la his­to­ria no termine.

Me ha sor­pren­dido la capa­ci­dad que han tenido los auto­res para hacer algo tan redondo, para reuti­li­zar una y otra vez los mis­mos ele­men­tos dán­do­les cada uno de ellos una nueva lec­tura, hacién­do­nos ver cosas dis­tin­tas que, sin embargo, se com­ple­men­tan, dán­dole al libro una uni­dad que no he visto en otros libros de relatos.



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El mazo de Kharas


—¿No crees que hay espe­ranza? —había pre­gun­tado Tanis.

—La espe­ranza es una nega­ción de la reali­dad —había sido su res­puesta—. Es la zanaho­ria que se agita ante el caba­llo de tiro para que siga avan­zando, luchando en vano por alcanzarla.

—¿Estás diciendo que debe­ría­mos rendirnos?

—Lo que digo es que debe­ría­mos tirar la zanaho­ria y avan­zar con los ojos bien abiertos…

Esta es una de las fra­ses más carac­te­rís­ti­cas de las cró­ni­cas, al encon­trarla de nuevo en El mazo de Kha­ras, al ima­gi­nar a Raistlin, tosiendo, diciendo esto mien­tras Tanis lo mira mesán­dose la barba… Hay per­so­na­jes que se te meten den­tro, hay nove­las que se te meten den­tro y las cró­ni­cas de la Dra­gon­lance, hace ya muchos años, fue para mí uno de esos libros.

He vuelto a releer las cró­ni­cas y las leyen­das de la Dra­gon­lance muchas veces, y siem­pre me he sen­tido atra­pada por esos per­so­na­jes, a los que veo como vie­jos ami­gos. He leído muchos otros libros de la saga, algu­nos no esta­ban mal, otros eran horri­bles, había algu­nos que esta­ban bien, pero no tenían la magia de las cró­ni­cas y las leyendas.

—Espero recu­pe­rar mi som­bra ―dijo Tass­lehoff―. Le tenía cariño. Acos­tum­braba venir con­migo a todas partes

Con El mazo de Kha­ras vol­ve­mos a la misma época de las cró­ni­cas, es el mismo mundo, son los mis­mos per­so­na­jes, o casi. Nos cuen­tan una escena que se sal­ta­ron en las nove­las ori­gi­na­les, una elip­sis que con­tada en su momento hubiera entor­pe­cido la narra­ción del libro pero que, leida a pos­te­riori como un libro inde­pen­diente, nos per­mite recu­pe­rar la magia que tenían las crónicas.

Ha sido como reen­con­trarme con ami­gos a los que hacía mucho tiempo que no veía, en un mundo que hacía tiempo que no pisaba y tenía miedo de que no me gus­tara, pero la esen­cia sigue siendo la misma.

Hay cam­bios en el libro res­pecto a las cró­ni­cas, per­so­na­jes como Tanis, Lau­rana, Tas o Raistlin están un poco más en segundo plano y toman pro­ta­go­nismo per­so­na­jes que en su momento no lo tuvie­ron tanto, espe­cial­mente des­ta­ca­ble me parece River­wind, al que se le ve mucho más que en las cró­ni­cas y lo vemos como un líder, siem­pre se le nom­braba como tal, pero ape­nas se le veía en las cró­ni­cas, en este libro en cam­bio lo vemos realmente.

El otro pro­ta­go­nista es Flint, la segunda mitad del libro se desa­rro­lla en el reino enano de Thor­bar­din y Flint es el encar­gado de recu­pe­rar el mazo de Kha­ras, ahi qui­zás dema­siada insis­ten­cia en ello, en el futuro que le espera a Flint, en su dere­cho a ser tam­bién un héroe.

Por este y por muchos deta­lles, es mejor leerse el libro des­pués de la cró­ni­cas y las leyen­das, sólo así se pue­den notar los deta­lles, las refe­ren­cias que se hacen a suce­sos del futuro, o del pasado pero que se cono­ce­rían mucho más ade­lante. Me ha sor­pren­dido encon­trar refe­ren­cias tam­bién de libros que no son de Weis y Hick­man, como Empe­ra­dor de Ansa­lon o inten­tando arre­glar lo de Ver­ni­naard. No todo les sale bien, pero sor­prende este intento por con­ci­liar libros en auto­res a los que nunca les había impor­tando eso.

—Hay peli­gro, no lo niego. Pero, claro ¿qué es la vida sino una con­ti­nua apuesta, Flint Fire­forge? Hay que arries­garlo todo para ganarlo todo.



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Trayectoria de Boomerang


Aviso impor­tante: Con­tiene spoi­lers de la trama.

Es una novela ágil, con una trama intere­sante, en la que Agatha Chris­tie olvida a sus detec­ti­ves más cono­ci­dos, Poi­rot y Miss Mar­ple para pre­sen­tar­nos una pareja joven en una his­to­ria donde la aven­tura es tan impor­tante como la inves­ti­ga­ción en sí.

Hay una ven­taja en uti­li­zar a este tipo de pro­ta­go­nista, que se les puede enga­ñar, mani­pu­lar con faci­li­dad, hacer­les come­ter locu­ras e impru­den­cias, cosas que Poi­rot, siem­pre tan medido, no haría, eso da a la novela una gran fres­cura, la rela­ción entre los per­so­na­jes se hace más real y su inter­re­lac­ción con los sos­pe­cho­sos mucho más emo­cio­nante, pues se están poniendo en peli­gro continuamente.

El fallo del libro está en la trama, al con­tra­rio que otras nove­las de Chris­tie donde está todo medido y enla­zado hasta el último deta­lle, aquí en cam­bio parece que está escrito con pri­sas, sin preo­cu­parse de enla­zar bien las pis­tas. Evans ten­dría que haber apa­re­cido en los pri­me­ros capí­tu­los, para que así, al salir al final, hubie­ra­mos podido decir­nos: ¡anda! si estaba aquí todo el tiempo. Al no men­cio­narse siquiera al prin­ci­pio, queda muy for­zada su apa­ri­ción al final. Otro deta­lle extraño que no está expli­cado es el retrato de Moira en casa de los Bassinton-ffrench. ¿Qué hacía ese retrato alli? Es impor­tante que esté, pues así Cas­tairs lo reco­noce pero no es lógico que esté, viendo que la rela­ción que tiene Moira con esa fami­lia es bas­tante super­fi­cial y que, con el miem­bro con el que más se rela­ciona, lo hace de forma oculta. La apa­ri­ción de Bad­gers, un per­so­naje que llega a hacerse muy sim­pá­tico en las pocas pági­nas en las que sale, tam­bién parece un recurso muy traído por los pelos.

Men­ciono aparte la carta del ase­sino desde suda­mé­rica, es algo que le he visto en varias nove­las. Es como si, caundo saca un ase­sino sim­pá­tico, no fuera capaz de matarlo y dejara que se escape.