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El tablero de Yidana — Jordi Biosca

Aviso: Contiene Spoilers

Lan­dar es una Pieza. Exi­liado de su patria, por­ta­dor del alma de un ángel de un dios que no es el suyo. Lan­dar cum­ple con su deber, hace lo que se espera de él, o lo que él cree que se espera. Es el pri­mer per­so­naje con el que nos tro­pe­za­mos en este mundo de islas y líneas mági­cas, un mundo cua­dri­cu­lado como un tablero.

Al prin­ci­pio el mundo apa­bu­lla. Arane es grande, frag­men­tado, con­fuso. Yo sen­tía que me per­día, que era dema­siado para mí, me decía «no nece­sito que me ense­ñes todo el mundo, quiero una his­to­ria, lo bien que hayas cons­truido el mundo no me interesa». Sin embargo, cono­cer Arane es nece­sa­rio para enten­der la his­to­ria que no está con­tando por­que cada per­so­naje, cada lugar que apa­rece, tiene su motivo y su inten­ción. El azar no juega nin­gún papel en esta his­to­ria, aun­que a veces, sobre todo al prin­ci­pio, pueda pare­cerlo; las juga­das en el tablero son pro­ducto de la estra­te­gia, de la per­so­na­li­dad de los con­ten­dien­tes, de las  alian­zas y las trai­cio­nes que se for­jan. Las Pie­zas hacen lo que les seña­lan los movi­mien­tos del tablero, a veces son cons­cien­tes de ello, otras actúan de forma incons­ciente, pen­sando que son ellos mis­mos los que se mueven.

La trama del libro es muy com­pleja y los per­so­na­jes se supe­di­tan a ella, cada uno de ellos tiene un papel que cum­plir y a veces da la sen­sa­ción de que, cum­pli­dado su misión, el autor se los quita de encima. No es así y esta es una de las cosas que más me han gus­tado del libro, el autor no se olvida de los per­so­na­jes sino que los vuelve a recu­pe­rar mucho más ade­lante y nos cuenta lo que ha sido de ellos y lo que les va a pasar, todas las sub­tra­mas que van apa­re­ciendo, y son muchas, tie­nen un desen­lace. No hay per­so­na­jes olvi­da­dos, aun­que haya veces que parezca que unos apa­re­cen para sus­ti­tuir a otros.

Lan­dar y Nui­lari son dos caras de la misma moneda. Dos pie­zas. Dos vidas apa­ren­te­mente para­le­las: nacen en la misma isla, se enfren­tan a un des­tino pare­cido pero actúan de forma dis­tinta, como para seña­lar­nos que dos pie­zas no tie­nen por qué ser igua­les ni hacer lo mismo. Lan­dar es pasivo, obe­diente, piensa en las con­se­cuen­cias de sus actos y muchas veces los lamenta, siente remo­ri­di­mien­tos y es un per­so­naje triste. Lan­dar es el que acepta su des­tino y se adapta a él. Nui­lari en cam­bio tiene fuerza y pasión, no acepta su des­tino, lo cues­tiona, quiere que sea ese des­tino el que se adapte a él. Lan­dar aprende, Nui­lari pre­gunta. La carga de Lan­dar está en su inte­rior, en lo que lleva den­tro; la de Nui­lari es el mundo que lo rodea. Lan­dar no ter­mina de sen­tirse a gusto con­sigo mismo, Nui­lari es un extraño en el mundo, vaya donde vaya. Una pieza mira hacia den­tro y la otra hacia fuera. Lan­dar y Nui­lari no son per­so­na­jes que se sus­ti­tu­yan uno al otro, sino que se complementan.

Hay muchos per­so­na­jes y no voy a hablar de todos, pero quiero des­ta­car tam­bién a Man­llüba, el único per­so­naje feme­nino de cierta impor­tan­cia en el libro. Man­llüba es madre, esposa y reina, pero a veces me daba la sen­sa­ción de que las tres face­tas esta­ban dema­siado dife­ren­cia­das, como si solo pudiera ser una cosa u otra y no las tres a la vez. Me gusta cuando es madre, la com­prendo y empa­tizo con ella, cuando es reina o esposa se me escapa y toma dis­tan­cia, como si en esos aspec­tos no estu­viera tan defi­nida, o al menos esa fue mi impresión.

El libro está divi­dido en dos par­tes, en la pri­mera somos como los per­so­na­jes, cami­na­mos sobre el tablero sin saber lo que es, la trama nos arras­tra de un lado a otro sin que sepa­mos por qué, cono­ce­mos las islas y sus habi­tan­tes, las auro­nías y sus pue­blos, las dis­tin­tas for­mas en las que la magia se puede mos­trar, el dios dor­mido como una ame­naza latente y muchos, muchos per­so­na­jes que a veces pare­cen avan­zar y a mitad de camino retro­ce­den o cam­bian de direc­ción, como si el autor no supiera qué hacer con ellos, aun­que en reali­dad lo que no está mos­trando es que las pie­zas depen­den de los movi­mien­tos del tra­blero y que cada jugada puede cam­biar el rumbo que toman.

En la segunda parte, mag­ni­fica toda la segunda parte, vemos el tablero, com­pren­de­mos lo que ha estado  pasando y nos sen­ta­mos a jugar con los dio­ses. De ver el mundo bajo los pies, frag­men­tado, ahora lo vemos desde arriba, en su con­junto. Dis­fru­ta­mos con las estra­te­gias tanto o más que dela vida que se está desa­rro­llando de forma para­lela en Arane, la vida que no es más que una parte del juego.

No voy a con­tar más, que ya he sol­tado bas­tan­tes spo­li­ers y creo que es un libro que se dis­fruta más si lo des­cu­bri­mos con­forme vamos leyendo. Al prin­ci­pio pen­saba que no me iba a gus­tar, el mundo está muy bien defi­nido y hay dema­sia­das des­crip­cio­nes, pero la trama te atrapa y no te suelta, está muy bien hilada y no deja cabos suel­tos, juega con­tigo pri­mero, mien­tras te hace cono­cer el mundo, y te deja jugar des­pués, com­par­tiendo sus secre­tos. Qui­zás lo único que sobran son algu­nas expli­ca­cio­nes al final, que no me pare­cen nece­sa­rias… y los apén­di­ces. Los apén­di­ces no los he leído, me gusta que me expli­quen las cosas mien­tras estoy leyendo, no des­pués, pero a los que os interesa la crea­ción de mun­dos, las orga­ni­za­cio­nes, etc sí os intere­sará. Tam­bién lleva al final una guía de per­so­na­jes ¡de la que te avisa al prin­ci­pio del libro que existe! Lo cual es de agra­de­cer, aun­que yo solo tuve que con­sul­tarla una vez y fue para una orga­ni­za­ción, con los per­so­na­jes, a pesar de que hay muchos, no lle­gué a perderme.




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