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El monstruo en mí, de José Ignacio Becerril

"La realidad es la peor opción que podía haber imaginado: un mundo plagado de monstruos horripilantes."

Los mons­truos de Nacho están en su inte­rior, sus rela­tos son his­to­rias de per­so­na­jes, el terror nace de ellos, los envuelve, los atra­viesa y no pue­den esca­par de él por­que forma parte de ellos mis­mos. Y esos mons­truos se enca­jan en la reali­dad, son parte de ella, parte de la vida de cada per­so­naje. Ni siquiera es una situa­ción que apa­rece de pronto, sino que está incrus­trada den­tro de él, la reali­dad no se trans­forma en algo mons­truoso. Ya lo es.

Esto pro­duce una gran impli­ca­ción con los per­so­na­jes pro­ta­go­nis­tas, a los que reco­no­ce­mos, a veces somos noso­tros o nues­tros cono­ci­dos, las situa­cio­nes en las que se encuen­tran las hemos vivido alguna vez o nos las han con­tado. Hemos visto mons­truos y los encon­tra­mos en los rela­tos. Tengo que decir que en muchos momen­tos más que sen­tir miedo lo que he sen­tido ha sido tris­teza, algu­nos de los rela­tos han lle­gado a emo­cio­narme mucho, de una forma muy intensa.

El libro se arti­cula en torno a tres ejes que están repre­sen­ta­dos por las tres nove­las cor­tas que dan inicio, cen­tro y fin al libro, los seis rela­tos que las acom­pa­ñan com­ple­tan y reafir­man estos tres ejes, dando una gran uni­dad al libro, qui­zás por­que el mons­truo en el fondo siem­pre es el mismo.

No es casual que el gran per­so­naje, sobre el que giran todos los rela­tos, sea el mons­truo. El mons­truo puede ser pro­ta­go­nista, víc­tima o ver­dugo, a veces se apo­dera de todo lo que le rodea y otras veces lo sufre. El autor mez­cla fan­ta­sía, sueño y reali­dad dejando sin deli­mi­tar los lími­tes entre uno y otro, por­que real­mente no importa, lo que importa es que el lec­tor se mete den­tro de los per­so­na­jes, hace suyos sus sen­ti­mien­tos y el terror de los rela­tos viene de eso, de con­tem­plar los enfren­ta­mien­tos con el mons­truo o de ver cómo los pro­ta­go­nis­tas se con­vier­ten en él.

He hablado antes de tres ejes, aun­que apa­re­cen en todos los rela­tos, se remar­can más por blo­ques, cen­tra­dos en cada una de las nove­las cor­tas del libro.

Lo pri­mero que nos encon­tra­mos es La ciu­dad inha­bi­tada, novela corta que qui­zás es la que más me ha gus­tado de todo, a la que siguen tres rela­tos cortos.

1. El inte­rior. El cuerpo y la mente.

Nacho nos pre­senta un mons­truo que lle­va­mos den­tro, escon­dido entre los plie­gues del cuerpo, lo deja­mos jugar con nues­tra mente. El mons­truo nos ator­menta, nos hace daño, nos con­sume, trans­torna nues­tros sen­ti­dos, nos man­tiene pri­sio­ne­ros de noso­tros mis­mos y nos tor­tura. No pode­mos esca­par por­que lo lle­va­mos den­tro y la pri­mera víc­tima del mons­truo somos noso­tros mismos.

A mitad del libro nos encon­tra­mos con Casa ocu­pada a la que siguen otros tres rela­tos cortos.

2. El exte­rior. La familia

No hay pro­ta­go­nis­tas soli­ta­rios en los rela­tos de Nacho, todos tie­nen fami­lia: padres, hijos, her­ma­nos, pareja, ami­gos… La fami­lia se ata a los pro­ta­go­nis­tas, es el mons­truo que los rodea, que lo mani­pula, que los obliga a trans­for­marse tam­bién ellos en mons­truos aun­que sea de manera acci­den­tal. La fami­lia está unida a los pro­ta­go­nis­tas con cade­nas que no pue­den rom­per y, sin lo hacen, no se libe­ran. Son el motivo que nos lleva a con­ver­tir­nos en mons­truos. A veces a causa de ellos, a veces por amor a ellos. Los mons­truos no están solos y hacen daño a los que más quie­ren, los que más nos quie­ren son los que nos hacen daño. Los besos devo­ran. El amor destroza.

El libro se cie­rra con otra novela corta, esta vez en soli­ta­rio: El hom­bre que soñaba con mariposas

3. La sociedad

Con ese último relato, a medio camino entre la cien­cia fic­ción y la pesa­di­lla, vemos a la socie­dad como un mons­truo en el que esta­mos inmer­sos. Hui­mos de ella, nos enfren­ta­mos de ella, no la enten­de­mos y pata­lea­mos inten­tando que no nos devore y sobre­vi­vir. Es un relato muy, muy intenso, donde vemos al pro­ta­go­nista pasar de la angus­tia a la con­fu­sión, donde lo vemos reve­larse, dudar, acep­tar que puede equivocarse…

Hace unas horas se creía en la cima del mundo y ahora había des­cu­bierto que no era más que el desa­yuno de una cucaracha”

Me dan ganas de hablar mucho más, pero no quiero des­tri­par nada del relato, es mejor acer­carse a él como lo hice yo, sor­pren­dién­dome en cada línea, des­cu­brien­dolo todo a tra­vés de los ojos del pro­ta­go­nista, con él así que sólo comen­taré que me parece un cie­rre de anto­lo­gía per­fecto, que actúa de con­tra­punto y revul­sivo a todo lo que hemos leído.

Des­pués me pasará por el blog del autor a comen­tar los rela­tos uno a uno, por si os ape­tece hacer lo mismo cuando lo leáis, os dejo la direccion:

 

http://nachob-elmonstruoenmi.blogspot.com/



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