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El Camino de los Mitos IV, VVAA.


Durante los cinco últi­mos años la página web La Reve­la­ción ha orga­ni­zado su con­curso de rela­tos y poe­mas de tema mito­ló­gico, reco­pi­lando cada edi­ción los mejo­res de ambas cate­go­rías en un único volú­men bajo el nom­bre de El Camino de los Mitos. Este cuarto tomo reúne los gana­do­res corres­pon­dien­tes a la edi­ción del año 2010.
Tras una por­tada visual­mente muy lla­ma­tiva por parte de Sanda Del­gado (ilus­tra­dora que tam­bién se hace tam­bién cargo del arte del inte­rior de la anto­lo­gía) tene­mos una pequeña intro­duc­ción que ya ade­lanta un pequeño atisbo de lo que vamos encon­trar en cada uno de los selec­cio­na­dos para este volumen:

 

Jerome Per­ce­val, el crí­tico voraz (Daniel Tubau)
Jerome Per­ce­val es un artista frus­tado por su pro­pias exi­gen­cias al tra­tar de alcan­zar una ori­gi­na­li­dad total que final­mente decide incli­narse por la crí­tica lite­ra­ria. Pero sus ansias de per­fec­cio­nismo le lle­va­rán a recu­rrir a lo que sea nece­sa­rio para lle­gar a ser el crí­tico per­fecto. El relato resulta bas­tante entre­te­nido y pre­senta la increí­ble obse­sión del pro­ta­go­nista lle­ván­dola al extremo de una forma sorprendente.

 

Abajo, para siem­pre (Sebas­tián Lalau­rette)
Par­tiendo de un mito con el que muchos no esta­mos muy fami­lia­ri­za­dos como es el de Gil­ga­mesh asis­ti­mos a una con­ver­sa­ción que nos per­mite echar un vis­tazo a una mito­lo­gía tan ajena a noso­tros como es la sume­ria, así como a su infierno de polvo y arci­lla. Algu­nas de las imá­ge­nes del relato están car­ga­das de mucha fuerza, el mundo donde se desa­rro­lla real­mente da para ello. Tal vez la falta de fami­lia­ri­dad con el mito ori­gi­nal difi­culte hun­dirse más com­ple­ta­mente en la his­to­ria narrada.

 

Carta de Uli­ses (Car­los Maza­río Torri­jos)
El pri­mero de los poe­mas selec­cio­na­dos es una carta de Uli­ses a su mujer Pené­lope, un soneto que a la vez es una des­crip­ción de la paciente esposa. Sen­ci­llo, pero emocional.

 

Anacreonte de Teos (Ale­jan­dro Váz­quez Ortiz)
Cen­trán­dose en la figura del poeta Anacreonte nos relata sus años en la corte de Polí­cra­tes de Samos y explica de forma ines­pe­rada a quién podrían deberse todos los ver­sos que se le atri­bu­ye­ron erró­nea­mente. El relato mues­tra sin tapu­jos el estilo de vida tre­men­da­mente hedo­nista del poeta, lo único que se le puede acha­car es que tal vez le falte un poco más de agilidad.

 

El hués­ped de Anní­ce­ris (Bea­triz Gar­cía Sán­chez)
Un esclavo de la Ate­nas clá­sica vive una cómoda vida cum­pliendo labo­res domés­ti­cas hasta que su joven amo le revela una extraña con­vic­ción que parece impo­si­ble de creer. Un ameno vis­tazo a la Gre­cia más clá­sica con la lucha entre mito y reali­dad que debió de ser bas­tante patente aque­llos días.

 

Mares como ojos (David Villar Cem­be­llín)
El segundo poema del volu­men es casi una invo­ca­ción a Posei­dón, señor de mares y nau­fra­gios. En mi opi­nión le falta algo de carga mito­ló­gica, pero juega muy bien con la ima­gen del mar como un ser caprichoso.

 

Crono, Tulio y Urano (Eduardo E. Rosenz­vaig)
Un hom­bre reme­mora la crea­ción de su impe­rio empre­sa­rial, la vuelta a su ciu­dad natal, una mal­di­ción y una des­gra­cia que le pro­vocó una obse­sión. Aun­que el relato tiene un estilo impe­ca­ble resulta muy lioso haciendo que la mayo­ría del tiempo sea difi­cil de seguir el hilo de los acon­te­ci­mien­tos, sobre todo al prin­ci­pio de la his­to­ria. El tema mito­ló­gico está un poco cogido por los pelos.

 

El labe­rinto (Ale­jan­dro Váz­quez Ortiz)
Una serie de car­tas de un arqueó­logo espe­cia­li­zado en len­guas anti­guas a su mujer rela­tan como éste comienza a obse­sio­narse con cier­tos sue­ños y hallaz­gos mien­tras tra­baja en el pala­cio de Cnos­sos. Aun­que la reso­lu­ción final en la que se des­vela el mis­te­rio tiene su evi­dente carga poé­tica, se echa en falta algo un poco más sólido, y sobre todo un final menos huidizo.

 

Los pies de Uli­ses (Ángela Gen­tile)
El ter­cer poema de la anto­lo­gía se cen­tra en Uli­ses y en su errá­tico deve­nir, trans­mi­tiendo la melan­co­lía del per­so­naje a tra­vés de las imá­ge­nes del can­san­cio de su largo viaje.

 

Elíp­tica de Saturno (Ale­jan­dro Mar­tí­nez Turé­gano)
Revi­sión deta­llista del mito de Saturno en el que el autor nos mues­tra los pun­tos de vista con­tra­pues­tos tanto del pro­pio Saturno como de su esposa Ops con gran sol­tura. El relato con­si­gue huma­ni­zar a un per­so­naje que siem­pre ha resul­tado tan inhu­mano y just­fi­car a otro que tam­bién des­per­taba cierts con­tra­dic­cio­nes, todo con un tono rea­lista que se des­pega bas­tante del carac­ter mítico.

 

Anteo y la playa de los cobar­des (David Villar Cem­be­llín)
Un deta­llado retrato del gigante Anteo se entre­cruza con la his­to­ria de dos de los cien­tos de inmi­gran­tes que cada noche tra­tan de cru­zar el estre­cho de Gibral­tar. La trama mito­ló­gica bos­queja de forma real­mente intere­sante a uno de esos anta­go­nis­tas que en los mitos sue­len dibu­jarse con esca­sas pala­bras, la trama más rea­lista en cam­bio se hace algo lenta y pesada en algu­nos momen­tos y la metá­fora final que resuelve y una ambas tra­mas se hace un poco ende­ble como cie­rre del relato, aun­que eso no le resta la carga de tra­ge­dia poé­tica que posee.

 

La anto­lo­gía mues­tra un pequeño atisbo de la gran varie­dad de his­to­rias que se pue­den cons­truir tomando la mito­lo­gía como base, aun­que en este caso domi­nen cla­ra­mente los mitos de ori­gen gre­co­rro­mano sobre otras mito­lo­gía, sólo Abajo, para siem­pre se atreve a rom­per este domi­nio. El nivel de los rela­tos es bas­tante bueno, real­mente hay para todos los gus­tos, desde recreac­cio­nes mito­ló­gi­cas deta­lla­das y bas­tante per­so­na­les hasta rela­tos fan­tás­ti­cos algo más gam­be­rros junto con his­to­rias coti­dia­nas más intros­pec­ti­vas. En lo per­so­nal des­ta­ca­ría Elíp­tica de Saturno, por ahon­dar en una figura que siem­pre se ha hecho tan bru­tal como es la de Cronos/Saturno así como en la de su esposa Rea/Ops mucho más misteriosa.

En lo que res­peta a la pre­sen­ta­ción del volu­men está muy cui­dada, por­tada con sola­pas, una ilus­tra­ción abriendo cada relato y un tamaño bas­tante agra­da­ble. Una anto­lo­gía para los que les gus­ten mirar la mito­lo­gía con otros ojos.




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