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La casa de cadenas — Malaz 4


SINOPSIS

En el desierto de Raraku, Sha’ik, la vidente y sus segui­do­res se pre­pa­ran para el levan­ta­miento pro­fe­ti­zado largo tiempo atrás, “El Tor­be­llino”. Escla­vi­zada en las minas de ota­ta­ral, Feli­sin, la más joven de la des­hon­rada Casa Paran, sueña con la liber­tad  y jura ven­garse, mien­tras que los Abra­sa­puen­tes pros­cri­tos, Vio­lín y Kalam cons­pi­ran para libe­rara al mundo de la empe­ra­triz Las­sen (aun­que la volun­tad de los dio­ses, como siem­pre, parece ser otra). Y al tiempo, dos anti­guos gue­rre­ros car­ga­dos con un secreto devas­ta­dor pene­tran en esta tie­rra aso­lada, un coman­dante del Sép­timo Ejér­cito de Malaz, lidera sus ago­ta­das tro­pas en una última y audaz carrera para sal­var las vidas de treinta mil refugiados.

OPINIÓN PERSONAL:

Nos encon­tra­mos de nuevo en las siete ciu­da­des, pero ahora la trama aun se com­plica más, se vuelve más fre­né­tica, más divi­dida, con diver­sos fren­tes abier­tos, cada uno de los cua­les com­pren­de­ría por si mismo una apa­sio­na­nate novela.

Ahí radica su  tre­mendo atrac­tivo y la tam­bién difi­cul­tad que entraña ser capaz de fijar la aten­ción en diver­sas líneas argu­men­ta­les, que se van entre­cru­zando como un com­ple­jí­simo tapiz, en el que cada uno de los per­so­na­jes es un hilo de bri­llante color, de relieve espe­cial, que apa­rece y des­a­pa­rece, engu­llido en unas esce­nas emo­cio­nan­tes, tre­pi­dan­tes y a veces demen­cia­les que nece­si­tan de una ima­gi­na­ción muy vívida para poder­las abarcar.

Estos per­so­na­jes, algu­nos vie­jos cono­ci­dos de la novela ante­rior, como los Abra­sa­puen­tes, el joven Aza­frán, o Lás­tima, y otros,  nue­vos y muy inten­sos, como la joven Feli­sin, o Dui­ker, el his­to­ria­dor, nos van des­gra­nando su his­to­ria paso a paso. A tra­ves de sus andan­zas y de sus penu­rias, avan­za­mos por una trama que los trata a todos ellos, vívi­dos y muy reales, sin mira­mien­tos, con cruel­dad refi­nada. El autor hace que en cada página nos sobre­co­ja­mos con una vision des­car­nada de lo que es la escla­vi­tud, la gue­rra, las matan­zas y en suma, la bar­ba­rie humana, ya que aquí no se esca­tima nada. Ni san­gre, ni sucie­dad, ni mise­ria ni dolor, sea este físico, men­tal o emo­cio­nal. Como en cual­quier gue­rra, como en cual­quier con­tienda real.

Y como en la vida real, no hay nin­gún per­so­naje bueno ni malo, sino que todos son tre­men­da­mente huma­nos, hasta los dio­ses, que inter­fie­ren una y otra vez con los mortales.

En esto se basa otro de los gran­des atrac­ti­vos de esta saga épica: en la falta de his­trio­nis­mos, de exa­ge­ra­cio­nes. Es su gran huma­ni­dad lo que hace que fra­ses, sen­ti­mien­tos y pen­sa­mien­tos de los per­so­na­jes te calen en lo más hondo y te sobre­co­jan. Esa libre elec­cion, esa falta de deter­mi­nismo, ese albe­drío pro­pio de la gente de carne y hueso hace que enten­da­mos lo que cual­quier ser humano es capaz de hacer cuando se ve lle­vado al límite de su cordura.

Por­que en esta segunda parte, todos están abo­ca­dos a per­derla, todos pare­cen ser con­du­ci­dos más allá de los limi­tes hacia la locura de la irrea­li­dad, en un mundo en el que las bases de la magia, las sen­das por las que tran­sita, se ven alte­ra­das, estre­me­ci­das en sus cimien­tos, y sacu­den como un terre­moto toda la reali­dad, haciendo que cual­quier pro­yecto, cual­quier plan, se vea some­tido al azar de una magia que parece haber per­dido el con­trol,  y de unas deci­sio­nes toma­das siem­pre al borde del caos, hasta lle­var­nos a un  final sor­pren­dente que nos deja en sus­penso, espe­rando el desen­lace de aque­llo que no lo ha tenido, o que habién­dolo tenido no nos deja estar segu­ros de nada. Por­que nada es lo que parece, y si algo no es esta novela , es predecible.

Eso no quiere decir que sea una novela que se devora, que se lee rápido. No. Es una novela para sabo­rearla, para dis­fru­tarla poco a poco, asi­mi­lando cada una de sus tra­mas, por­que he de reco­no­cer que muchas veces, la escasa pro­li­ji­dad de las des­crip­cio­nes, tanto del pai­saje como de los per­so­na­jes, hace que ten­ga­mos que tirar mucho de la ima­gi­na­ción, y eso nos obli­gue a rea­li­zar un gran esfuerzo para com­pren­der muchas situa­cio­nes, haciendo que algu­nos tra­mos parez­can en un prin­ci­pio un poco confusos.




maresdetinta dice:

Hola. Buena reseña sobre el segundo volu­men de Malaz, aun­que a mí el libro me pare­ció muy, muy com­pli­cado de seguir y en cier­tos momen­tos o hilos incluso malo y mal redac­tado y planificado.

Por cierto, el segundo de Malaz se titula Las puer­tas de la Casa de la Muerte y tam­poco es corracta la ima­gen que habéis puesto.

Un saludo y a seguir con la rese­ñas, que son muy interesantes.


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